LOVE & THE CITY

 

Te declaro mi amor eterno…

 

Porque el aitona me paseaba por tu bahía cuando aún no era capaz de sostener mi cabeza…y cuando fui capaz de hacerlo, me compraba en tus puestos de barquillos esas delicias que se derretían en mi boca casi sin dientes.

 

Te declaro mi amor eterno…

 

Porque cuando al fin pude andar, no había mayor aventura que ir a la Concha con la amona, y que tocara marea baja para disfrutar de todas las piscinas que creabas para mi. Nuestra primera discusión la recuerdo perfectamente, con motivo del agua helada de tus duchas. Ahora entiendo que sólo querías imprimirme carácter con ella, hacerme fuerte y enseñarme que hay que mantener la cabeza fría y el corazón caliente…

 

Corazón caliente es sinónimo de Marcha de San Sebastián en la Plaza de la Constitución, a las doce en punto. Experiencias inolvidables, siempre en la mejor compañía, tus barriles, tambores y cocineros orgullosos de ser parte de ti. Abrazos que saben a gloria.

 

Te declaro mi amor eterno…

 

Por haberme guardado el secreto de mis primeros amores, cuando los aitas no sabían nada y nosotros paseábamos por tus montes, tus voladizos, nos escondíamos debajo de las txipironeras que entonces, estaban en el puerto y disfrutábamos de atardeceres besándonos en el puerto, mientras las motoras iban y venían de la isla repletas de locales y visitantes.

 

Te declaro mi amor eterno…

 

Por haberme dejado llorar desconsoladamente en el monte Ulía, con el corazón roto, mientras te encargabas de mostrarme, de ese modo elegante tan donostiarra, que el sol vuelve a salir y la vida cada día tiene colores diferentes. Me enseñaste que hay que saber disfrutar también bajo un paraguas, porque cada día cuenta, y no se puede “perder txanda”.

 

Te declaro mi amor eterno…

 

Por enseñarme lo que es el verdadero riesgo. ¿No recuerdas cómo lo hiciste?¡Sí! ¡Con la Montaña Suiza!. Esa que, con una cadenita como único medio de sujeción, te lanza por los railes y te enseña que, a veces, hay que cambiar de perspectiva.

Por todo esto y mucho más, te declaro mi amor eterno…

…y te confieso que sentí vértigo cuando, tras algún viaje más largo de lo habitual, entendí que no importa dónde esté ni lo que haga. Siempre, honesta y sinceramente, te amaré con toda mi alma.

 

Una donostiarra.